El origen de la Real Venta de Antequera se sitúa cuando Carlos Antequera fundaba una pequeña bodega frente a la catedral de Sevilla. Este era el mozo de espada del torero sevillano Antonio Fuentes y Zurita. Con el paso del tiempo compraba unos terreros, cerca del Estadio de Real Betis, donde daba la vuelta el tranvía en el fin de su trayecto. La idea era poner una venta de buen nivel para los viajeros que llegaban a Sevilla desde la provincia gaditana.
Estamos hablando definales de 1915 y pronto alcanzaría renombre y fama entre la sociedad sevillana, hasta tal punto que en 1917 la visitaba por primera vez el Rey Alfonso XIII, lo que haría en varias ocasiones más, como en Abril de 1930. En principio su nombre era "Tabladilla" y por permiso real pasó a llamarse "Venta Real de Antequera". Esta antigua Venta se derribaba en 1924.
En 1926 se inauguraba la actual Venta ubicada en la Avenida de Jerez, contando ya con el título de Real. Por la cercana Exposición Iberoamericana de 1929, diversos actos culturales tuvieron lugar en sus instalaciones, máxime cuando se convertiría en el refugio tanto de la alta sociedad como del mundo taurino, punto de encuentro para los aficionados, que solían acudir cada sábado de Gloria para contemplar los toros, llegados desde la cercana parada de tren de los Merinales. Por la noche se llevaban andando hasta la Maestranza, por la Avenida de la Palmera, acompañados de caballistas.
También era un referente en el mundo cultural como lo demuestra que llegó a albergar la primera reunión de los poetas de la generación del 27, liderados por Ignacio Sánchez Mejías.
Volviendo las nuevas instalaciones diremos que para su diseño contó con la colaboración de importantes bodegueros jerezanos, con pabellones junto a los corrales, en estilo regionalista acorde con la época y con la participación del ceramista sevillano Enrique Orce Mármol (1885-1952). También participaron los talleres de Santa Ana, Rejano, Montalván, entre otros, lo mejor de la cerámica de Triana.
Entre los bodegueros se encontraban González Byass, Domecq, Garvey, Osborne, Marqués del Mérito, Agustín Blázquez y el productor de chacinas Sánchez Romero Carvajal. En la Exposición Iberoamericana fue el Pabellón Tierras de Jerez.
Desde 1929 hasta 1937 perteneció al municipio de Dos Hermanas, pero al pasar Bellavista a terrenos sevillanos a cambio de un millón y medio de pesetas, la Real Venta quedaba incluida en la capital hispalense.
Tras la guerra civil se continuó como espacio de ocio, sin dejar su legado taurino y en 1962 incluso se construyó una plaza de toros, obra del afamado arquitecto sevillano Felipe Medina Benjumea (1910-1993). Por tal motivo se organizó un tentadero donde participaron entre otros Pepe Luís Vázquez, el sabio de San Bernardo y Antonio Bienvenida.
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| 1973 |
En 2015 volvía a abrir sus puertas tras un tiempo cerrada, por el impulso dado por Daniel de la Fuente y Lola Rojas, sobrina del ganadero Gabriel Rojas Fernández, que recibía en herencia la Venta en 2012. Renovaron las instalaciones, y hoy continúa como lugar emblemático para todo tipo de celebraciones, con 6 salones, jardines y espacios donde se refleja su rica historia, y con un legado muy unido al mundo del toro, sin olvidar a cazadores, ganaderos y aficionados al flamenco entre otros.
El 18 de noviembre de 2015 para su reinauguración se organizaba un tentadero en la Plaza de tienta con presencia de los diestros Pepe Luís Vázquez y Dávila Miura, con reses de Fernando Sampedro y Manuel Vázquez Gago. Bendijo las instalaciones el sacerdote Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp en el jardín del Gran Poder.
En los años posteriores han pasado por la misma la Escuela Taurina de Sevilla y la Asociación de Aficionados Prácticos, que dirige Dávila-Miura, en colaboración con Moreno de Terry y Peralta Revuelta, sin olvidar actos sociales como bodas, congresos, espectáculos de caballos...
En 2026 se tiene previsto retomar su pasado histórico y albergar las ganaderías de la Feria de Abril, gracias al nuevo empresario de la Plaza José María Garzón. En 1987 fue la última corrida expuesta con reses de Miura para la encerrona de Juan Antonio Ruiz Espartaco. Decisión romántica pero no exenta de dificultades, como le ocurre a la Venta El Batán de Madrid.



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